15 años desaparecida — su abuelo confesó que vivían como marido y mujer

trabajaba tanto, llegaba tan cansada a casa, firmaba cosas a veces sin ni siquiera leerlas cuando Nerea se las ponía delante. Era posible que hubiera firmado esos justificantes y lo hubiera olvidado. Onerea realmente había falsificado su firma. Y si lo había hecho, ¿qué significaba eso? Estaba planeando huir. Había conocido a alguien por internet, pero ellos no tenían ordenador en casa.

Apenas Rosario sabía usar el que tenía en su trabajo. Los medios de comunicación se volcaron con el caso. La fotografía de Nerea, tomada en el colegio ese mismo curso escolar apareció en todos los periódicos. Una niña de rostro serio, con su pelo rizado, sus ojos oscuros mirando directamente a la cámara sin sonrisa.

La televisión emitió reportajes. Se crearon líneas telefónicas para información anónima. Llegaron cientos de llamadas, gente que creía haberla visto en Madrid, en Valencia, en Murcia. Cada pista se investigaba y cada una resultaba ser un callejón sin salida. Una niña que se parecía a Nerea resultaba ser otra persona. Una testimonio confundía fechas.

Una vidente aseguraba que Nerea estaba cerca del agua y se volvieron a dragar ríos y pozos sin resultado. Pasaron semanas, luego meses. La intensidad de la búsqueda disminuyó gradualmente, aunque el caso nunca se cerró oficialmente. Rosario no volvió a trabajar. Cayó en una depresión profunda que requirió hospitalización breve. y medicación permanente.

Sebastián seguía viviendo en el piso, cada vez más silencioso, cada vez más encerrado en sí mismo. Los vecinos los miraban con una mezcla de lástima y morbosa curiosidad. Al cumplirse un año del desaparecimiento en junio de 2004, se organizó una misa en recuerdo de Nerea en la parroquia del barrio.

Asistieron unas 50 personas, vecinos, algunos compañeros del colegio, profesores y varios guardias civiles que habían trabajado en el caso. Rosario, delgadísima y envejecida, a pesar de tener solo 37 años, soyaba en el primer banco. Sebastián estaba sentado a su lado con el rostro impasible, mirando el altar sin parpadear.

Los años siguientes fueron una lenta tortura para Rosario Campos. Nunca abandonó completamente la esperanza, pero cada día que pasaba la machacaba un poco más. Seguía viviendo en el mismo piso, incapaz de mudarse porque Yine Nerea vuelve y no nos encuentra. La habitación de su hija permanecía exactamente como la había dejado ese 23 de junio de 2003.

La cama hecha, los libros en la estantería, la ropa en el armario. Esperando. Rosario intentó volver al trabajo en 2005, pero no pudo mantenerlo. Se quedaba mirando al vacío durante horas. Olvidaba tareas básicas. Rompía a llorar sin previo aviso. La despidieron amistosamente con una pequeña indemnización que apenas duró unos meses.

Comenzó a depender completamente de la pensión de incapacidad que consiguió después de múltiples informes psiquiátricos. El dinero apenas alcanzaba y el piso comenzó a deteriorarse. Humedades en las paredes que nunca se arreglaron, grietas en el techo del baño, electrodomésticos que se rompían y no se reemplazaban.

Sebastián también cambió en esos años, aunque de manera diferente. Se volvió aún más introvertido, hablando cada vez menos. Pasaba días enteros sin decir una palabra, sentado en el sofá o encerrado en su habitación. A veces Rosario lo oía hablar solo en su cuarto, murmurando cosas que no podía entender.

Cuando le preguntaba si estaba bien, él simplemente asentía y se quedaba mirándola con esos ojos apagados que cada vez le resultaban más difíciles de sostener. Los vecinos con el tiempo dejaron de preguntar por Nerea. Al principio, los primeros años todavía se interesaban. Preguntaban si había novedades, pero gradualmente las preguntas cesaron.

La familia Campo se convirtió en esa familia trágica del tercero, algo de lo que hablar en voz baja, pero no directamente. Carmen Ortiz, la vecina del segundo, a veces subía con un taper de comida por si acaso, y lo dejaba en la puerta porque Rosario cada vez más raramente abría cuando llamaban. El caso de Nerea Campos apareció ocasionalmente en programas de televisión sobre personas desaparecidas.

En 2007, un especial de Antena 3 dedicó 15 minutos al caso, mostrando la fotografía escolar de Nerea y una recreación con actores de sus últimos momentos conocidos. Rosario participó con el rostro demacrado y los ojos hundidos, suplicando a quien tuviera información que la compartiera. El programa generó una nueva oleada de llamadas, pero ninguna llevó a nada concreto.

Sebastián se negó a aparecer en el programa diciendo que no quería ser un espectáculo para la televisión. En 2010, 7 años después de la desaparición, llegó una llamada que renovó brevemente la esperanza. Una mujer de Murcia llamó diciendo que había visto a una joven de unos 18 años trabajando en un restaurante que se parecía mucho a Nerea.

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