—Nadie sale.
Cervera desplegó 1 cartel y ofreció 500 pesos por la captura de Josefina Salvatierra y de la niña que la acompañaba. La codicia se extendió por toda la cantina.
Sin perder 1 segundo, Silas tomó su abrigo de piel y cubrió por completo a Josefina y a la niña. Después se levantó. Su cuerpo enorme tapó el rincón entero. Cruzó los brazos, clavó la mirada en Cervera y comprendió que la verdadera ventisca no estaba afuera. Acababa de entrar en La Última Lumbre.