No hice drama.
Solo pregunté, en voz baja:
—¿Alguna vez pensaron en mí?
Silencio.
Un silencio frío.
Pesado.
Mi nuera suspiró con fastidio y respondió:
—No empieces con dramas…
si no te gusta, ya sabes dónde está la puerta.
Y en ese momento… entendí todo.
Mi decisión
Cerré el grifo.
Sequé mis manos con calma.
Me quité el delantal…
como si me quitara años de encima.
—Voy a salir un momento —dije.
—Trae pan —respondió mi hijo, sin mirarme.
Lo miré…
y por primera vez en mucho tiempo…
no sentí nada.
Asentí.