Sonreí suavemente.
Y salí.
La libertad que nunca imaginé
No fui al mercado.
No regresé.
Caminé sin rumbo…
hasta encontrar una parada de autobús.
Subí al primero que llegó.
Luego a otro.
Y otro más.
Hasta que terminé en una pequeña ciudad costera.
Tranquila.
Lejos.
Silenciosa.
Alquilé una habitación.
Pequeña.
Sencilla.
Pero… mía.
Una nueva vida
La primera mañana fue extraña.
Abrí los ojos…
y no había ruido.
No había órdenes.
No había prisas.
No había nadie llamándome.
Me preparé un café caliente.
Me senté frente al mar.
Y lloré.
Pero no de tristeza.
Lloré… de alivio.
Como si, después de tantos años,
por fin pudiera respirar.
El pasado vuelve
Dos días después, el teléfono no dejó de sonar.
Mi hijo.
Mi nuera.