En esa atmósfera gélida, solo un ser seguía observando, atento, fiel: el perro de la familia, Neo . Él también parecía sentir la ausencia, a veces buscando a la niña en las habitaciones, deteniéndose frente a su puerta como si aún esperara su llamada.
El gesto inesperado que lo cambia todo

Guiada por el perro, la madre lo siguió hasta un rincón de la propiedad vecina, donde se escondía un viejo cobertizo descuidado. Dentro, la esperaba una escena desgarradora: un gato acurrucado alrededor de tres gatitos, rodeado de ropa suave. La ropa de Emma.
En ese momento, todo encajó. Sin decir una palabra, sin llamar la atención, Emma cuidó de estos animales, ofreciéndoles calor y protección. Un gesto discreto, fiel a su bondad natural, que reveló una historia desgarradora .
Un destello de dulzura en el corazón del dolor.
