Si esta foto fascina tanto es porque despierta un fenómeno universal: la pareidolia. Este término se refiere a nuestra tendencia a ver formas familiares en aquello que en realidad no lo es. Un rostro en las nubes, un corazón en la espuma del café, una silueta en la luna… a nuestra mente le encanta unir los puntos.
Este reflejo no es para nada insignificante. Refleja nuestra necesidad de sentido, nuestro deseo de creer que existe un vínculo entre nosotros y el mundo que nos rodea. Estas señales venidas del cielo, ya sean puramente ópticas o no, estimulan nuestra imaginación y nos recuerdan que hay belleza en todas partes, incluso donde no la buscamos.
¿Y si el verdadero mensaje del cielo fuera desacelerar?