Días después, la joven comenzó a notar cosas aún más inquietantes.
Cada vez que veía una foto tomada esa noche, aparecía una sombra borrosa a su lado, como una silueta humana sin rostro.
Por las noches, escuchaba música lejana, igual a la de la discoteca, aunque estuviera completamente sola en su habitación. Su teléfono, sin razón alguna, reproducía audios con risas y pasos, grabados a la misma hora en que había salido del local.
Lo más aterrador ocurrió una semana después. Al revisar su móvil, encontró un mensaje que nunca escribió:
“Gracias por bailar conmigo.”
Desde entonces, evita los lugares concurridos y las luces fuertes. Dice que, a veces, al mirarse en el espejo, ve a alguien parado detrás…
pero cuando se gira, no hay nadie.
Algunos aseguran que el “acompañante invisible” no pertenece al lugar, sino que siguió a la joven fuera de la discoteca.
Y que no desaparece… solo espera a que vuelvan a sonar las luces y la música.