Una noche, incapaz de soportar más el miedo, la joven decidió enfrentarlo. Volvió a la discoteca, ahora abandonada y en silencio. Las luces estaban apagadas, pero al entrar, la música se encendió sola.
En el centro de la pista, encontró un viejo espejo cubierto de polvo. Al limpiarlo, su sangre se heló:
no reflejaba su imagen… reflejaba a la misma joven bailando con alguien detrás.
Entonces escuchó una voz susurrar:
—Siempre estuviste aquí.
Las luces se apagaron de golpe.
A la mañana siguiente, la discoteca volvió a abrir como si nada hubiera pasado.
Los empleados juran que esa noche nadie entró.
Pero desde entonces, las cámaras muestran a una chica bailando sola en la pista…
Y cada vez que alguien pasa cerca de ella, siente que no está bailando sola. 👁️