Dulzura de Antaño: Leche Caramelizada con Maizena, el Postre de la Felicidad

La clave de esta receta no está en la rapidez, sino en el cuidado. Cocinarla es casi un acto meditativo, ideal para desconectar y disfrutar del proceso.

1. Caramelizar el azúcar

Coloca de 4 a 5 cucharadas de azúcar en una olla amplia y resistente. Llévala a fuego medio y deja que el azúcar se derrita lentamente. No es necesario remover al principio; basta con mover suavemente la olla si hace falta. Observa cómo los cristales blancos se transforman en un líquido ámbar brillante.

Este paso requiere atención: un caramelo demasiado oscuro puede volverse amargo. El punto ideal es un color dorado intenso, con aroma dulce y profundo.

2. Incorporar la  leche

Una vez listo el caramelo, retira un instante la olla del fuego y añade con cuidado el litro de leche tibia. Es normal que el caramelo se endurezca momentáneamente; vuelve a colocar la olla al fuego y remueve suavemente hasta que se disuelva por completo.

Poco a poco, la leche tomará un color acaramelado uniforme y un aroma irresistible comenzará a llenar la cocina.

3. Preparar la mezcla de huevo y maizena

En un bol aparte, bate el huevo con una cucharada de azúcar hasta integrarlos bien. Añade las dos cucharadas de maizena y mezcla cuidadosamente hasta eliminar cualquier grumo. Este paso es esencial para lograr una crema lisa y sedosa.

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