Agrega la esencia de vainilla al gusto. Con unas pocas gotas basta para realzar el sabor sin opacarlo.
4. Unir las preparaciones
Vierte la mezcla de huevo y maizena en la olla con la leche caramelizada, siempre removiendo. Es importante hacerlo poco a poco y sin dejar de mezclar para evitar que el huevo se cocine de golpe.
Aquí comienza la magia: los ingredientes se fusionan y la preparación empieza a tomar cuerpo.
5. Cocinar hasta lograr la textura perfecta
Cocina a fuego bajo, removiendo constantemente con una cuchara de madera o batidor manual. En pocos minutos notarás cómo la mezcla espesa y se vuelve cremosa.
Cuando hierva suavemente y alcance una consistencia similar a una natilla espesa, retira del fuego. No sobrecocines, ya que la crema seguirá espesando ligeramente al enfriarse.
6. Servir y disfrutar
Distribuye la leche caramelizada en recipientes individuales. Puedes disfrutarla tibia, ideal para días frescos, o dejarla enfriar en la nevera para una versión más refrescante.
Sea cual sea tu elección, cada cucharada será pura suavidad.