Carl Jung advertía: En la vejez, tus hijos pueden convertirse en tus enemigos

¿Enemigos o desconocidos?

Más que enemistad abierta, lo que muchas personas mayores describen es una sensación de extrañeza.

“Hice todo por ellos y ahora no me reconocen”, dicen algunos.

La distancia emocional puede sentirse como traición, aunque en muchos casos responda a falta de comunicación o heridas acumuladas en ambas direcciones.

La responsabilidad compartida

Sería simplista presentar a los hijos como villanos inevitables. Jung insistía en la responsabilidad individual de cada etapa de la vida.

 

En la vejez, también es necesario revisar:

  • Expectativas depositadas en los hijos
  • Dependencia emocional excesiva
  • Falta de autonomía financiera
  • Conflictos nunca hablados

Una relación equilibrada requiere trabajo mutuo.

El desafío de la individuación tardía

La psicología analítica sostiene que el proceso de individuación —convertirse en uno mismo— no termina en la juventud.

En la vejez, muchas personas enfrentan una última etapa de integración: aceptar pérdidas, redefinir identidad y soltar control.

Si esta etapa se vive con rigidez, el conflicto con los hijos puede intensificarse.

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