La tiroides necesita nutrientes clave para funcionar de forma óptima. Estudios destacan la importancia de:
Yodo (con moderación, no te excedas)
Selenio
Zinc
Hierro
Vitaminas del complejo B
Incluye lo siguiente en tu dieta:
Huevos
Pescado (salmón, atún)
Nueces de Brasil (¡solo 2 o 3 al día cubrirán tus necesidades de selenio!)
Semillas (calabaza, girasol)
Ajo y cebolla
Verduras cocidas (es mejor cocidas que crudas para evitar interferencias)
Una dieta rica en estos nutrientes crea una base sólida para la estabilidad hormonal. ¿Sabías que unas cuantas nueces de Brasil al día pueden marcar la diferencia?
Paso 3: Cuida tu salud intestinal (¡Es clave!)
Existe una fuerte conexión entre el intestino y la tiroides. Las investigaciones demuestran que un microbioma saludable favorece la conversión de hormonas tiroideas y reduce la inflamación.