La policía siguió cada pista, interrogó a vecinos, rastreó bosques cercanos, pero Nerea parecía haberse desvanecido en el aire. Hasta que en 2018 una llamada anónima a la Guardia Civil reveló algo que nadie, absolutamente nadie, había imaginado. Lo que descubrieron los investigadores no solo conmocionó a toda España, sino que cuestionó todo lo que creíamos saber sobre los lazos familiares y los secretos que pueden ocultarse durante años bajo el mismo techo.
¿Cómo es posible que una niña desaparecida estuviera tan cerca todo este tiempo? Antes de continuar con esta historia perturbadora, si aprecias casos misteriosos reales como este, suscríbete al canal y activa las notificaciones para no perderte ningún caso nuevo. Y cuéntanos en los comentarios de qué país y ciudad nos están viendo.
Tenemos curiosidad por saber dónde está esparcida nuestra comunidad por el mundo. Ahora vamos a descubrir cómo empezó todo. Albacete situada en la región de Castilla la Mancha. es una ciudad de tamaño medio que en 2003 contaba con aproximadamente 150,000 habitantes. Conocida por su producción de cuchillería y por ser un importante nudo de comunicaciones ferroviarias, la ciudad había experimentado un crecimiento moderado durante las décadas anteriores.
El barrio donde vivía la familia Campos era una zona residencial construida en los años 80 con edificios de ladrillo visto de cuatro o cinco plantas, pequeños comercios de proximidad y calles relativamente tranquilas donde los niños aún jugaban en las aceras. La familia Campos vivía en un piso de tres habitaciones en la tercera planta de uno de estos edificios.
Rosario Campos, la madre de Nerea, tenía 36 años en 2003 y trabajaba como auxiliar administrativo en una gestoría del centro de la ciudad. Era una mujer menuda de cabello castaño oscuro, siempre recogido en una coleta práctica, con profundas ojeras que revelaban años de cansancio acumulado. Había criado sola a Nerea desde que su marido, Antonio Ruiz, los abandonara cuando la niña tenía apenas 2 años.