Al fin tomó pan. Le temblaban tanto las manos que apenas podía sostenerlo. Silas la observó en silencio. No quedaba rastro de la muchacha que 10 años atrás había sido la hija de Don Esteban Valdés, 1 ganadero rico de Chihuahua. Entonces Silas era apenas 1 peón enamorado de la mujer equivocada. Habían planeado huir. Ella nunca llegó. En su lugar aparecieron hombres armados enviados por su padre. Lo dejaron medio muerto, quemaron su jacal y lo dieron por acabado. Después supo que Josefina se había casado con Arturo Salvatierra, magnate del ferrocarril y de la plata.
Ese golpe lo empujó a la sierra, donde aprendió a vivir sin esperar nada de nadie. Y sin embargo allí estaba Josefina, la supuesta señora de una mansión, pidiendo restos de comida como 1 mendiga.
—¿Qué te pasó?
Josefina tragó con dolor y miró a la niña.
—Arturo no era 1 marido. Era 1 jaula. Cuando nació mi hija y vio que no era varón, empezó a tratarla como si fuera una vergüenza. Hace meses decidió mandarla lejos, a 1 internado. Cuando me opuse, me dijo que podía encerrarme como loca y quedarse con todo.
Silas sintió que la sangre le hervía.
—¿Y huiste?