Si Javier está vivo… ¿a quién enterré?
Una noche de fotos y una verdad imposible
Esa madrugada extiende fotos por toda la mesa: boda, cumpleaños, vacaciones, navidades. Compare cada detalle con las imágenes que había tomado.
Todo coincidía.
Las cicatrices no se heredan. Las marcas no se copian. El dedo roto no se repite por azar.
A las seis de la mañana llamamé a nuestro hijo, Marcos.
—Necesito que vengas ahora. Es sobre tu padre.
Marcos llegó con cara de miedo, como llegan los hijos cuando creen que su madre se está quebrando. Le mostré las fotos. Me escucho. Se quedó en silencio. Y luego dijo lo que yo temia:
—Mamá… enterramos a papá.
—Enterramos un ataúd cerrado —susurré—. Yo nunca lo vi.
Y cuando le preguntó si él lo había visto, desvió la mirada.
En ese instante comprendí: mi hijo sabía más de lo que me estaba diciendo.