Los problemas diarios, la presión laboral, conflictos personales o preocupaciones profundas se reflejan en el subconsciente durante el sueño.
Personas que han vivido situaciones difíciles (accidentes, violencia, pérdidas) pueden sufrir pesadillas recurrentes como parte de un trastorno por estrés postraumático.
Dormir pocas horas o tener horarios irregulares aumenta la probabilidad de pesadillas.
Comidas pesadas, picantes, alcohol o cafeína antes de dormir pueden alterar el sueño.
Algunos antidepresivos, fármacos para la presión arterial o medicamentos para dormir pueden provocar sueños intensos.
La exposición al móvil, televisión o redes sociales antes de dormir estimula el cerebro e interfiere con el descanso profundo.
Fiebre, apnea del sueño y depresión también se asocian a pesadillas frecuentes.
Es recomendable buscar ayuda profesional si:
•Las pesadillas ocurren varias veces por semana
•Provocan miedo intenso o ataques de pánico
•Interfieren con el descanso o la vida diaria
•Generan insomnio por temor a dormir
Ir a la cama y despertarse a la misma hora ayuda a estabilizar el cerebro.
Respiración profunda, meditación, lectura tranquila o música suave.
Expresar emociones reduce la carga mental acumulada.
La terapia psicológica puede ser muy efectiva en casos de pesadillas recurrentes.
Una técnica terapéutica consiste en imaginar un final diferente y positivo para la pesadilla.
Las pesadillas no son debilidad ni casualidad. Son una forma en que la mente intenta procesar lo que no hemos resuelto durante el día.
Dormir bien es cuidar tu salud física y emocional.