La necesidad de controlarlo todo 

Con el paso de los años, el cuerpo cambia, el ritmo disminuye y el mundo avanza más rápido de lo que quisiéramos. Muchas personas mayores sufren porque intentan mantener el mismo control que tenían antes.
Querer controlar:
- A los hijos adultos
- A la pareja
- A la familia
- A la vida misma
genera frustración constante, discusiones innecesarias y una sensación de impotencia permanente.
La vejez se vuelve mucho más liviana cuando se entiende que:
No todo depende de nosotros
No todo tiene que salir como lo planeamos
Soltar el control también es una forma de sabiduría
Vivir anclados a “lo que debió ser” 

“Si hubiera hecho esto…”
“Si no hubiera tomado aquella decisión…”
“Mi vida habría sido diferente si…”
Estas frases se convierten en una prisión mental en la vejez.
Vivir comparando la realidad con una vida imaginaria provoca tristeza, culpa y arrepentimiento constante.
El pasado no puede reescribirse, pero el presente sí puede vivirse con más paz.
Aceptar la propia historia, con errores y aciertos, es uno de los mayores actos de amor propio que existen.