Ese cambio es la alarma.
El problema es que el cerebro aprende a normalizar el dolor conocido y cuando una persona con migraña siente algo “parecido”, puede minimizarlo, retrasar la consulta o automedicarse… perdiendo un tiempo que es crítico.
Aquí está el mensaje clave:
– Tener migraña no protege contra otras enfermedades neurológicas.
– Un dolor distinto, más brusco, más intenso, más rápido o acompañado de síntomas nuevos no debe asumirse como migraña.
No se trata de vivir con miedo, sino de vivir atentos.
Escuchar al cuerpo. Reconocer cuándo algo no encaja con lo habitual.
Porque en neurología, el tiempo es cerebro y confundir una señal de alarma con un dolor conocido ha costado demasiadas vidas.
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Recordatorio esencial: La información presentada tiene carácter académico y educativo. No constituye consulta médica, ni debe ser utilizada para autotratarse. Si tienes molestias o preocupaciones, consulta a tu médico de confianza.