—Claro, señora Isabel. ¿En qué puedo ayudarla?
Respiré profundo.
—Quiero cambiar la autorización de mi cuenta.
Desde hoy, mi hija ya no tiene acceso.
Y también quiero retirar el dinero del fondo que abrí para ella.
Hubo silencio.
—¿Está segura?
—Completamente.
Ese dinero era el ahorro de toda mi vida.
Lo guardé pensando en ayudarla cuando lo necesitara.
Pero entendí algo en ese hospital.