Reprodujo el video dos veces para asegurarse. Era clarísimo. Evelyn Monroe había tomado el dinero ella misma.
Una pesada comprensión lo golpeó: Grace había sido incriminada.
Daniel dudó. Exponer esto podría costarle el trabajo. Pero ocultarlo destruiría la vida de una mujer inocente.
Tras un largo suspiro, copió la grabación en una memoria USB.
Esa misma noche, Daniel visitó el modesto apartamento de Grace en Inglewood. Cuando ella abrió la puerta, sus ojos se agrandaron de sorpresa.
“¿Señor Reed? ¿Qué hace aquí?”
“Necesito mostrarle algo,” dijo en voz baja, entregándole la memoria. “Decías la verdad, Grace. Vi las grabaciones. La señora Monroe tomó el dinero ella misma.”