¿La decisión? Instalar a Bruce en una casa de una sola planta situada en las inmediaciones, concebida como un refugio tranquilo y seguro. Una elección difícil, pero cuidadosamente meditada, para preservar el equilibrio familiar y ofrecer a sus hijas, Mabel y Evelyn, un entorno adaptado a su edad. Una organización que refleja una nueva dinámica familiar basada en la escucha y la capacidad de adaptación.
Preservar la infancia, sin culpa
Invitar a amigas, reír hasta tarde, improvisar una noche de pijamada… Estos pequeños placeres forman parte esencial de la infancia. Emma confesó lo importante que era que sus hijas pudieran seguir viviendo estos momentos sin restricciones. «Él habría querido eso para ellas», explica con emoción.
Al reorganizar los espacios de vida, la familia encontró una forma de armonía: Bruce permanece muy cerca y cada uno puede avanzar a su propio ritmo. Un enfoque que recuerda que cuidar de los demás suele comenzar por darse el derecho a hacer las cosas de otra manera.
Una comunicación que se reinventa, día tras día
Hoy, los intercambios han evolucionado, pero el vínculo sigue intacto. A veces las palabras dan paso a las miradas, los gestos, las sonrisas. Emma cuenta que la familia ha aprendido a comunicarse de otra forma, a estar más atenta a los detalles del día a día. Como un lenguaje discreto, hecho de paciencia y ternura.