Instalé una cámara oculta porque mi esposo no había “consumado” nuestro matrimonio después de tres meses. La aterradora verdad que se reveló me paralizó…

Cada noche, cuando Ricardo se quedaba profundamente dormido, yo permanecía despierta, mirando su espalda, con el corazón lleno de tristeza y una profunda soledad. Me preguntaba: ¿Acaso no era lo suficientemente atractiva? ¿Acaso no era lo suficientemente seductora? Me miraba al espejo y veía a una mujer joven y hermosa, pero en el fondo, me sentía inútil. Empecé a dudar de mí misma, de mi valía. Me volví insegura, me sentí inferior, y poco a poco, ya no me atreví a mirarlo a los ojos.

No solo dudaba de mí misma, sino que también empecé a dudar de él. ¿Tenía a alguien más? ¿Se había cansado de mí? Pero entonces, aparté esos pensamientos. Ricardo nunca salía de casa, nunca sostenía su teléfono a escondidas. Siempre estaba a mi lado, siempre dedicando tiempo para mí. Pero si no era por otra persona, ¿por qué me evitaba? La confusión y la duda crecían, como un demonio que me roía el alma en silencio.

Leave a Comment