El silencio es saludable en una relación, excepto en estas cuatro situaciones

El silencio del vacío: cuando no queda nada que decir
Hay una gran diferencia entre el silencio cómodo y el silencio incómodo. Si, con el tiempo, la comunicación se vuelve menos frecuente, si las comidas se pasan en silencio y buscas las palabras como quien busca un paraguas bajo la lluvia, podría ser señal de que algo se ha perdido.

Pero no te asustes: no significa que se haya acabado. Las relaciones a largo plazo evolucionan. Las apasionadas conversaciones del principio dan paso a momentos más profundos, pero también más tranquilos. ¿El secreto? Reavivar la llama con nuevas experiencias, redescubriendo el interés mutuo como una novela que relees con nuevos ojos.

El silencio final: cuando evitas las conversaciones reales
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Este silencio es el más traicionero. A menudo se instala tras conflictos no resueltos. Evitamos hablar para evitar que se reaviven las tensiones, pero en el fondo, el miedo nos domina. Permanecemos en silencio, aguantamos los golpes… hasta el día en que nos derrumbamos.

En el lenguaje de los psicólogos, esto se llama evasión emocional: una forma inconsciente de evadir los propios sentimientos. Sin embargo, establecer límites emocionales es señal de madurez. Decir: “No estoy listo para hablar ahora, pero lo haré más tarde” puede aliviar mucha tensión. La clave es no dejar que el silencio se convierta en la norma.

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