El ciclón Harry sorprendió al Mediterráneo con una fuerza poco común y convirtió al sur de Italia en un laboratorio real del clima extremo. En solo 48 horas, olas de hasta 10 metros, vientos de 150 km/h y lluvias equivalentes a meses colapsaron costas y ciudades. Sicilia, Calabria y Cerdeña activaron alertas rojas, evacuaciones y cierres totales. Lo que pasó no fue “solo” una tormenta: fue una señal clara de cómo el cambio climático está empujando los límites de lo que creíamos normal.

Ciclón Harry: qué lo hace tan inusual en el Mediterráneo
El Mediterráneo no suele albergar ciclones tan intensos, pero Harry combinó marejada ciclónica, lluvias torrenciales y rachas de viento sostenidas que superaron los 120–150 km/h. La Protección Civil italiana reportó más de 300 mm de lluvia en menos de dos días en puntos de Cerdeña, una cifra que explica los desbordamientos, derrumbes y la alerta hidráulica generalizada. Expertos lo describieron como un fenómeno “nunca observado en los últimos tiempos” por su duración e impacto.
La clave estuvo en el mar anormalmente cálido y en una configuración atmosférica que alimentó la tormenta. Cuando el agua se calienta, aporta más energía al sistema: el resultado son olas más altas, lluvias más intensas y una costa incapaz de absorber el golpe. El Mediterráneo ya no es el de antes, y Harry lo dejó claro.
Olas de 10 metros: ciudades costeras al límite
En Catania, el mar invadió calles y hundió embarcaciones en el puerto; videos de cámaras de seguridad mostraron olas rompiendo ventanales y arrastrando mobiliario. En Messina, el agua avanzó cientos de metros tierra adentro, obligando a evacuaciones nocturnas. Linosa, en las Pelagias, perdió decenas de barcos y carreteras costeras quedaron destruidas. El transporte también colapsó: trenes suspendidos, islas incomunicadas por mar y carreteras cerradas por grietas y deslaves.

La escena fue la de un paraíso en pausa, con autoridades pidiendo evitar desplazamientos mientras el oleaje seguía golpeando. Además, puertos menores quedaron inutilizados, el suministro eléctrico falló por horas en zonas costeras y negocios frente al mar bajaron cortinas para evitar daños mayores. Equipos de emergencia trabajaron contrarreloj entre lluvia y viento, mientras residentes documentaban escenas inéditas de un litoral desbordado que redefinió la rutina diaria y expuso la fragilidad urbana ante el mar.
Calabria y Cerdeña: derrumbes, rescates y evacuaciones
En Calabria, deslizamientos provocaron derrumbes que alcanzaron zonas urbanas; en la provincia de Crotone, un cementerio colapsó parcialmente por la inestabilidad del terreno. Cerca de 100 familias fueron evacuadas en áreas vulnerables, y se ordenó el cierre de escuelas y edificios públicos. En Cerdeña, la lluvia extrema obligó a desalojos en Capoterra y Sinnai, y a una vigilancia reforzada de presas como Flumendosa. Bomberos y voluntarios superaron 1,600 intervenciones en conjunto, una cifra que refleja la magnitud del evento y la presión sobre los sistemas de emergencia.

Cambio climático: ¿el nuevo normal del Mediterráneo?
Harry no es un caso aislado. La frecuencia e intensidad de eventos extremos en el sur de Europa está creciendo, y el vínculo con el calentamiento global es cada vez más evidente. Más calor en el mar significa más energía disponible para tormentas; más energía, más daños. La pregunta ya no es si volverá a pasar, sino cuándo y con qué impacto. Este episodio reabre el debate sobre adaptación costera, infraestructura resiliente y alertas tempranas. Prepararse no es opcional: es la única forma de reducir pérdidas cuando la naturaleza empuja al límite.

El ciclón Harry mostró un Mediterráneo poderoso y vulnerable a la vez: olas gigantes, ciudades anegadas y miles de personas en alerta. Entender por qué ocurrió (y por qué podría repetirse) es clave para convivir con un clima que cambia más rápido de lo esperado. Si el mar ya cruzó la línea una vez, ¿estamos listos para la próxima?