Funcionamiento cognitivo y vida diaria
Desde el punto de vista neuropsicológico, el paciente presentaba un coeficiente intelectual de 75, con mayor afectación en tareas de ejecución que en habilidades verbales. Aunque esta puntuación se sitúa por debajo del promedio poblacional, no le impedía desempeñarse de forma independiente. Trabajaba como funcionario público, mantenía relaciones sociales estables y llevaba una vida familiar normal.

Este perfil funcional refuerza la idea de que la cantidad de tejido cerebral no es el único determinante del funcionamiento cognitivo. La organización, conectividad y adaptación de las redes neuronales juegan un papel igual o incluso más relevante que el volumen absoluto del cerebro.
El estudio que obligó a replantear la neurología
El caso fue documentado por el neurólogo Lionel Feuillet y su equipo del Hospital de la Timone en Marsella, y publicado en The Lancet en 2007 bajo el título “Brain of a white-collar worker”. El artículo se convirtió rápidamente en una referencia clave dentro de la literatura neurológica, no por su rareza aislada, sino por las preguntas que planteó.

El psicólogo cognitivo Axel Cleeremans retomó el caso para reflexionar sobre la conciencia humana, sugiriendo que esta no se localiza en una región cerebral específica, sino que emerge de procesos distribuidos capaces de reorganizarse. El cerebro, incluso en condiciones extremas, puede aprender nuevas formas de funcionar.