Conclusión: felicidad en su forma más simple
En tiempos donde todo parece ir demasiado rápido, volver a recetas como esta es un pequeño acto de resistencia. Cocinar despacio, con ingredientes sencillos y con el corazón puesto en cada paso, es una forma de cuidarnos.
La leche caramelizada con maizena no es solo un postre: es un recuerdo, un abrazo cálido, una tradición que sigue viva. Una receta que demuestra que la verdadera dulzura no está en lo complicado, sino en lo auténtico.
Prepárala una vez y descubrirás por qué, generación tras generación, sigue siendo conocida como el postre de la felicidad.