A partir de entonces, optamos por la honestidad en lugar de las suposiciones, afrontando juntos nuestras preocupaciones y apoyándonos mutuamente mientras nos adaptábamos a la vida sin la persona que tanto extrañábamos. La casa aún conservaba rastros de dolor, pero ya no se sentía vacía. Se sentía más estable, reconfortada por la comprensión de que la familia no se trata solo del pasado compartido, sino de la decisión de permanecer unidos cuando el futuro se siente incierto.