Mientras otros jóvenes actores se dejaban llevar por el ritmo agitado de la industria, Benson optó por una vida más tranquila, centrada en la escritura, la dirección y el desarrollo personal. A los 20 años recibió el diagnóstico de una afección cardíaca, y en 1984 se sometió a la primera de varias intervenciones. Cada etapa médica fue un aprendizaje que lo impulsó a mantener una vida equilibrada y activa, como relató en su libro I’m Not Dead…Yet.
Con el paso del tiempo, su carrera tomó nuevos rumbos. Se alejó de los reflectores y encontró una nueva pasión en el doblaje, destacándose como la voz de la Bestia en la película animada de Disney Beauty and the Beast. Esta faceta le permitió continuar en el mundo del arte cuidando de su salud.