En definitiva, conducir en la vejez sigue siendo mucho más que una actividad cotidiana. Representa calidad de vida, conexión con el entorno y autonomía. Los nuevos requisitos para mayores de 70 años reflejan la necesidad de encontrar un equilibrio entre la libertad individual y la seguridad de todos, un desafío que continuará marcando el debate en las políticas de tránsito de los próximos años.