
Su historia no termina aquí. Sigue en proceso, como la vida misma. Pero si algo ha quedado claro es que su experiencia ha servido para generar conciencia y para recordar que la piel, con todas sus marcas, también cuenta historias de resistencia, de lucha y de humanidad.
Porque al final, más allá de diagnósticos, etiquetas o apariencias, todos compartimos algo en común: el deseo de ser vistos, entendidos y aceptados tal como somos.
